Los responsables del tren de cercanías velan por nuestra seguridad.

(El texto dice: «En caso de ser necesario el uso de este elemento y la falta del mismo, solicitese al personal de servicio en el tren».)

¿Por dónde empezar? ¿A qué burócrata despistado se le ocurrió que semejante galimatías era buena idea?

En estas líneas, por ejemplo, cuesta esfuerzo no ver un anacoluto, falta una tilde y aparece el dichoso anafórico mismo (aquí, el comentario de la RAE, punto 3). Pero además, según el cartel, entiendo que si en un viaje corriente, sin problemas, me percato de la falta del martillo, perdón, del elemento, lo lógico es callarme. Solo corresponde avisar al personal en caso de necesidad: por ejemplo, después de un choque. Ya me imagino la escena, con el vagón lleno de humo y los pasajeros buscando al revisor:

—¡Oiga! ¡Aquí no está ese elemento que la Renfe es incapaz de nombrar!

—¡El martillo!

—¡Niño, calla, que no podemos mencionarlo! ¡Solicitamos el mismo!

La Feve, en cambio, es mucho más directa en su propósito de incomunicarse con los pasajeros y prescinde de tonterías como textos legibles.