Qué historia fascinante y sobrecogedora. Leo aquí, entre otros sitios, sobre un libro recién publicado, The Immortal Life of Henrietta Lacks, de Rebecca Skloot. Traduzco rápidamente del resumen que se proporciona en el sitio web:

«Se llamaba Henrietta Lacks, pero los científicos la conocen como HeLa. Era una campesina pobre que trabajaba en la misma plantación de tabaco que sus antepasados, esclavos del sur estadounidense; sin embargo, sus células, obtenidas sin su consentimiento, se convirtieron en uno de los instrumentos más importantes en medicina. Fueron las primeras células inmortales cultivadas en laboratorio y siguen vivas hoy, aunque Lacks lleva muerta más de sesenta años. Si pudiéramos amontonar en una balanza todas las células HeLa obtenidas, pesarían más de quinientos millones de toneladas, tanto como un centenar de réplicas del Empire State Building. Las células HeLa fueron decisivas para obtener la vacuna de la polio; descubrieron secretos del cáncer, los virus y los efectos de la bomba atómica; contribuyeron a notables avances como la fecundación in vitro, la clonación y el mapeo genético, y se han comprado y vendido en número de miles de millones.

Johns Hopkins Medical Institutions

»Sin embargo, Henrietta Lacks, enterrada en una tumba sin identificación, sigue siendo prácticamente desconocida.

»Ahora, Rebecca Skloot nos propone un viaje extraordinario: desde el ala “de color” en el hospital Johns Hopkins de la década de 1950, hasta laboratorios inmaculadamente blancos, donde hay congeladores llenos de células HeLa; desde el pueblecito moribundo de Henrietta, Clover (Virginia), territorio de cabañas de esclavos, curaciones por la fe y vudú, hasta el actual Baltimore, donde viven sus hijos y nietos, que intentan asimilar el legado de sus células.

»La familia de Henrietta no supo de su inmortalidad hasta más de veinte años después de su muerte, cuando unos científicos que trabajaban con HeLa comenzaron a utilizar a su marido y sus hijos en investigación, sin procurar su consentimiento informado. Y aunque las células habían impulsado una industria multimillonaria que vende materiales biológicos humanos, su familia no vio nunca ni un centavo de los beneficios. En la brillante exposición de Rebecca Skloot, la historia de la familia Lacks, tanto la pasada como la presente, aparece inextricablemente ligada a la oscura historia de la experimentación con afroamericanos, el nacimiento de la bioética y las batallas legales sobre si controlamos la materia de que estamos hechos.»

Buscando un poco más sobre Rebecca Skloot, he visto un artículo de Público acerca del libro. Además, la autora mantiene un blog en Science Blogs, un conjunto estupendo donde rebuscar curiosidades, divulgación o explicaciones después de terremotos, por ejemplo. Y me hizo gracia que haya escrito sobre cirugía de peces.