febrero 2010


Qué historia fascinante y sobrecogedora. Leo aquí, entre otros sitios, sobre un libro recién publicado, The Immortal Life of Henrietta Lacks, de Rebecca Skloot. Traduzco rápidamente del resumen que se proporciona en el sitio web:

«Se llamaba Henrietta Lacks, pero los científicos la conocen como HeLa. Era una campesina pobre que trabajaba en la misma plantación de tabaco que sus antepasados, esclavos del sur estadounidense; sin embargo, sus células, obtenidas sin su consentimiento, se convirtieron en uno de los instrumentos más importantes en medicina. Fueron las primeras células inmortales cultivadas en laboratorio y siguen vivas hoy, aunque Lacks lleva muerta más de sesenta años. Si pudiéramos amontonar en una balanza todas las células HeLa obtenidas, pesarían más de quinientos millones de toneladas, tanto como un centenar de réplicas del Empire State Building. Las células HeLa fueron decisivas para obtener la vacuna de la polio; descubrieron secretos del cáncer, los virus y los efectos de la bomba atómica; contribuyeron a notables avances como la fecundación in vitro, la clonación y el mapeo genético, y se han comprado y vendido en número de miles de millones.

Johns Hopkins Medical Institutions

»Sin embargo, Henrietta Lacks, enterrada en una tumba sin identificación, sigue siendo prácticamente desconocida.

»Ahora, Rebecca Skloot nos propone un viaje extraordinario: desde el ala “de color” en el hospital Johns Hopkins de la década de 1950, hasta laboratorios inmaculadamente blancos, donde hay congeladores llenos de células HeLa; desde el pueblecito moribundo de Henrietta, Clover (Virginia), territorio de cabañas de esclavos, curaciones por la fe y vudú, hasta el actual Baltimore, donde viven sus hijos y nietos, que intentan asimilar el legado de sus células.

»La familia de Henrietta no supo de su inmortalidad hasta más de veinte años después de su muerte, cuando unos científicos que trabajaban con HeLa comenzaron a utilizar a su marido y sus hijos en investigación, sin procurar su consentimiento informado. Y aunque las células habían impulsado una industria multimillonaria que vende materiales biológicos humanos, su familia no vio nunca ni un centavo de los beneficios. En la brillante exposición de Rebecca Skloot, la historia de la familia Lacks, tanto la pasada como la presente, aparece inextricablemente ligada a la oscura historia de la experimentación con afroamericanos, el nacimiento de la bioética y las batallas legales sobre si controlamos la materia de que estamos hechos.»

Buscando un poco más sobre Rebecca Skloot, he visto un artículo de Público acerca del libro. Además, la autora mantiene un blog en Science Blogs, un conjunto estupendo donde rebuscar curiosidades, divulgación o explicaciones después de terremotos, por ejemplo. Y me hizo gracia que haya escrito sobre cirugía de peces.

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Leo con disgusto sobre el caso de Pepe el Ferreiro y su museo etnográfico de Grandas de Salime (Asturias).

Este texto de Pilar Sánchez Vicente me parece un estupendo resumen de lo ocurrido. También me ha gustado este otro artículo, algo más largo, del ex rector de la Universidad de Oviedo Alberto Marcos Vallaure.

En su título,  Sánchez emplea con ironía la palabra gestor, lo que me hace rumiar tres tendencias entre quienes aprueban la destitución del Ferreiro con formas tan zafias, espigadas estos días entre lo publicado por ahí:

1. Como siempre, aparecen los mezquinos habituales que argumentan variaciones de a) con el hambre que hay en el mundo y los problemas de Asturias, b) anda que tanto ruido por un solo paisano, c) ¡si ya tenía que estar jubilado!, ¿qué más le da? (Esta gente antisocial debía vivir en cuevas en el monte una temporada.)

2. Algunos que hablan de inventarios y controles exhaustivos son tecnócratas arrogantes y ensoberbecidos que deslizan palabras como museizable a poco que puedan. Poseen licenciaturas en historia (perfectamente dignas en sí mismas, apunto en actualización) o másteres con nombres parecidos a Técnico Superior en Procesamiento de Artefactos Culturales, regados de anglicismos y mayúsculas.

3. Otros utilizan el recurso del «nadie niega que». Este artículo es un ejemplo muy gracioso: en el primer párrafo, anafóricamente, el autor/la autora encabeza cuatro oraciones con «nadie duda [lo que vale el Ferreiro]» y remata con un rotundo «No [punto y aparte]». Ah, ¿no? ¡Pues cualquiera lo diría, dado cómo han actuado los políticos responsables de esta destitución! Más parece que intentaron guardar silencio, pero una vez público, andan más cerca de agarrar la brea y las plumas que de conceder los laureles merecidos, si tal fuera el convencimiento sobre la valía del personaje. En fin, la retórica al servicio de decir que lo blanco es negro.

Releía yo ayer con gusto La faz de España,* de Gerald Brenan, que como buen británico cultivaba con mucho acierto la brevedad del aforismo:

«[…] los españoles no tienen sentido de la equidad. Viven en un sistema en cierto modo tribal, que hace que para ellos sea un deber moral el favorecer a sus amigos a expensas del Estado y penalizar a sus adversarios. Esta es la primera ley de este país, y fue tan observada durante el gobierno de la República como lo es ahora [1949].»

*(Traducción de Domingo Santos. Barcelona: Plaza & Janés, 1985, p. 189.)